Encuentro 2. - Identidad¶
Materiales necesarios¶
Hojas (una para cada participante - bastan las de un cuaderno), bolígrafos/rotuladores, una hoja grande (A4 o más grande).
Objetivo¶
Debemos concienciar/recordar a los participantes quiénes son -> seres irrepetibles planeados y creados por Dios. Luego queremos mostrarles que de quiénes son (ver frase anterior) se deriva su extraordinario valor.
Oración¶
Breve conversación sobre lo que ya ha sucedido (¿oración del viernes por la noche? ¿impresiones generales?)
¿Quién soy?¶
- Hacemos un pequeño experimento de imaginación:
Imagina que un día te encuentras con alguien totalmente extraño, que parece haber aterrizado en la Tierra no se sabe de dónde y no sabe nada sobre ella, y te pregunta: «¿Quién eres?». ¿Qué le responderías?
Nota
Esperamos algunas respuestas; si lo piensan, que lo piensen un momento más; si tienen problemas con la respuesta, seguimos adelante.
- «Ciudadano del Universo»:
Repartimos hojas a los participantes. En las hojas tienen la tarea de dibujar quiénes son, en el concepto de «Ciudadano del Universo», es decir, dibujan círculos, y junto a cada círculo escriben quiénes son. Cuanto más pequeños son los círculos, reflejan una mayor especificación de cómo uno puede llamarse a sí mismo.
Advertencia
es importante el orden de dar los nombres. La cantidad de círculos no está impuesta de antemano - cada uno puede tener una diferente - pero animamos a que no sea una excusa para descuidar la tarea.
Dibujo ilustrativo:
Las respuestas pueden ser realmente muy variadas. Presentación de lo que han creado.
¿Fue fácil o difícil definir quién se es y ordenarlo de alguna manera?
¿Qué fue difícil en esto? o
¿Qué hizo que fuera fácil de hacer?
¿Cómo sé quién soy?
Podemos tener dificultades para definir quiénes somos. A veces pedimos a alguien que nos diga quiénes somos, que nos diga qué piensa de nosotros y así recopilamos información que puede ayudarnos a definir quiénes somos. También escuchamos cómo otros hablan de quiénes son y tratamos de que nuestro «llamarnos a nosotros mismos» sea de alguna manera similar, pero al mismo tiempo original, «nuestro».
En su mayoría, son otras personas las que nos dan identidad, por cómo nos llaman. Lo mismo hicieron los padres al nacer -> se nos dio un nombre. Luego, al cumplir diferentes roles sociales, fuimos llamados alumno, hija, estudiante, vecino, etc. (Vale la pena señalar aquí también el poder de las palabras al nombrar a alguien, por ejemplo, si alguien me dice todo el tiempo que soy tonta, ¡existe un gran peligro de que lo considere verdad!).
Es posible que surjan otras ideas sobre de dónde podemos saber quiénes somos - sin embargo, creo que llegaréis a la pregunta:
Nota
Pregunta-puente al siguiente punto principal
¿Tienen razón las personas (¿o algo más?) que nos llaman y por eso nos dan identidad, sobre quiénes somos realmente?
Si fuera necesario:
¿Si reconocemos que nosotros mismos nos damos identidad, tenemos la certeza de que no nos equivocamos?
El valor de quién soy¶
Dios-Creador del hombre:
Señor, tú me escrutas y me conoces;tú sabes cuándo me siento y cuándo me levanto.De lejos penetras mis pensamientos,distingues mi camino y mi descanso,todas mis sendas te son familiares.No está aún la palabra en mi lengua,y tú, Señor, ya la conoces toda.Tú formaste mis entrañas,me tejiste en el seno de mi madre.Te doy gracias porque me has hecho portento de maravilla;maravillosas son tus obras.Conocías hasta el fondo de mi alma,no se te ocultaba mi sercuando en lo oculto era formado,entretejido en lo profundo de la tierra.Tus ojos veían mis acciones,todas ellas estaban en tu libro;mis días estaban modelados,cuando no existía ni uno solo de ellos.—Sal 139,1-4.13-16
Dios es quien me creó. Como Creador sabe mejor qué/quién es Su obra. Él también tiene una propuesta para mi vida (que puedo aceptar o rechazar), que contiene lo mejor para Su creación única.
El peso del nombre:
El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.Al vencedor le daré maná escondido;y le daré también una piedrecita blanca,y, grabado en la piedrecita, un nombre nuevoque nadie conoce, sino el que lo recibe.—Ap 2,17
Dios es también quien me conoce mejor y quien (¡atención!) tiene un nombre para mí - único, destinado solo para mí.
Vale la pena recordar aquí: 1. el peso de los nombres dados por Dios a diferentes personas, por ejemplo, Pedro=Roca, Abraham=padre de multitud, cambio de nombre Saulo-> Pablo; cada uno significa algo y define de alguna manera a la persona dada, su misión o tarea. 2. sobre cómo Dios se dirigía a las personas en el AT, es decir, directamente, POR SU NOMBRE, por ejemplo, «Samuel, Samuel…», «Moisés…». Esto atestigua un vínculo real y directo entre Dios y estas personas.
Profundización - significado de nuestros nombres - preguntas:
¿Sabéis qué significa vuestro nombre?
¿Conocéis la historia de vuestro nombre?
¿Sabéis por qué os llamaron así?
- Lluvia de ideas:
Veamos qué más dice Dios sobre quiénes somos y cómo Él nos llama. Hacemos una lluvia de ideas en una hoja, es decir, tomamos una hoja grande, en el medio escribimos: «¿Quién soy para Dios?», damos a cada participante una cita para buscar en la Sagrada Escritura (también pueden hacerlo en parejas - a discreción del animador) con la instrucción de que busque cómo somos llamados en ese fragmento. Luego cada uno lee la cita, dice cómo somos llamados allí, hace una flecha en la hoja desde la inscripción y escribe lo que ha descubierto ;)
Dibujo ilustrativo:
La creatividad en la realización es bienvenida ;). Es muy importante explicar las formulaciones que pueden no estar claras, por ejemplo, coherederos de Cristo :O. En algunas citas puede haber varios términos.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
—Jn 15,15
Mirad qué amor nos ha tenido el Padrepara llamarnos hijos de Dios,pues ¡lo somos!El mundo no nos conoceporque no le conoció a él.Queridos, ahora somos hijos de Diosy aún no se ha manifestado lo que seremos.Sabemos que, cuando se manifieste,seremos semejantes a él,porque le veremos tal cual es.—1 Jn 3,1-2
Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros.
—Col 3,12-13
Pues todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Pues no recibisteis un espíritu de esclavitud para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!
—Rom 8,14-15
El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados.
—Rom 8,16-17
Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó.
—Gn 1,26-27
Preguntemos:
¿Me gusta cómo Dios me llama? ¿Por qué?
¿Hay algo que no me encaja, algo con lo que no estoy de acuerdo?
¿Estoy dispuesto a reconocer que es Dios quien me define? (=que es «mayor» que yo?)
Advertencia
¡¡¡Afirmación importante!!! (¡a esto deben llevar los fragmentos de la lluvia de ideas!): Hay que subrayar aquí que gracias a cómo Dios nos llama (lo que vimos arriba) ganamos un valor enorme -> ¡¡¡somos SEMEJANTES a Dios!!! Somos elegidos por Él e importantes para Él y tenemos una tarea que cumplir = nuestra vida tiene sentido y debe aportar mucho a este mundo. De estos fragmentos debe desprenderse para los participantes que Dios da valor a su existencia. Y es un valor independiente de las circunstancias, situaciones o eventos aleatorios, ni de si hacen algo o no. Su valor simplemente radica en que Dios creó a cada uno de ellos y quiso a cada uno de ellos.
- Testimonio del animador:
Creo que aquí es un momento muy adecuado para el testimonio del animador - sabréis sobre qué ;) (a mí personalmente se me impone el tema de que el propio valor se descubre en la relación con Dios ;); cada uno de nosotros tiene experiencias diferentes, así que escuchad al Espíritu Santo ;)
Finalización¶
- Resumen:
Soy una criatura de Dios; Dios como mi Creador sabe mejor quién soy; permitiéndole entrar en relación conmigo, y así aceptando Su nombre para mí, puedo descubrir mi verdadero valor y quién soy.
- Dejarlos con la pregunta:
¿Quiero que sea Dios quien me llame? ¿Que sea Él quien defina quién soy?
Apéndice¶
Unas palabras del CIC sobre el peso del nombre - para uso y desarrollo propio del animador:
203 Dios se reveló a su pueblo Israel dándole a conocer su Nombre. El nombre expresa la esencia, la identidad de la persona y el sentido de su vida. Dios tiene un nombre. No es una fuerza anónima. Comunicar su nombre es darse a conocer a los otros. Es, en cierta manera, comunicarse a sí mismo haciéndose accesible, capaz de ser más íntimamente conocido y de ser invocado personalmente. 204 Dios se reveló progresivamente a su pueblo y con diversos nombres, pero la revelación del Nombre divino, hecha a Moisés en la teofanía de la zarza ardiente, en el umbral del Éxodo y de la Alianza del Sinaí, demostró ser la revelación fundamental para la Antigua y la Nueva Alianza. 205 Dios llama a Moisés desde medio de una zarza que arde sin consumirse. Dios dice a Moisés: «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob» (Ex 3, 6). Dios es el Dios de los padres, el que había llamado y guiado a los patriarcas en sus peregrinaciones. Es el Dios fiel y compasivo que se acuerda de ellos y de sus promesas; viene para librar a sus descendientes de la esclavitud. Es el Dios que, más allá del espacio y del tiempo, puede y quiere hacerlo, y que pondrá en obra su toda su potencia para este designio. Moisés dijo a Dios: «Si voy a los israelitas y les digo: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros”; cuando me pregunten: “¿Cuál es su nombre?”, ¿qué les responderé?». Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy». Y añadió: «Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros… Este es mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación» (Ex 3, 13-15). 206 Al revelar su nombre misterioso de YHWH, «Yo soy el que es», «Yo soy el que soy» o también «Yo soy el que Yo soy», Dios dice quién es y con qué nombre se le debe llamar. Este Nombre Divino es misterioso como Dios es Misterio. Es a la vez un Nombre revelado y como el rechazo de un nombre propio, y por esto mismo expresa mejor a Dios como lo que Él es, infinitamente por encima de todo lo que podemos comprender o decir: es el «Dios escondido» (Is 45, 15), su nombre es inefable (cf Jc 13, 18), y es el Dios que se acerca a los hombres. 207 Al revelar su nombre, Dios revela, al mismo tiempo, su fidelidad que es de siempre y para siempre, valedera para el pasado («Yo soy el Dios de tus padres», Ex 3, 6) como para el porvenir («Yo estaré contigo», Ex 3, 12). Dios, que revela su Nombre como «Yo soy», se revela como el Dios que está siempre allí, presente junto a su pueblo para salvarlo. 208 Ante la presencia atrayente y misteriosa de Dios, el hombre descubre su pequeñez. Ante la zarza ardiente, Moisés se quita las sandalias y se cubre el rostro (cf Ex 3, 5-6) delante de la Santidad Divina. Ante la gloria del Dios tres veces santo, Isaías exclama: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros!» (Is 6, 5). Ante los signos divinos que Jesús realiza, Pedro exclama: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5, 8). Pero porque Dios es santo, puede perdonar al hombre que se reconoce pecador delante de él: «No ejecutaré el ardor de mi cólera… porque soy Dios, no hombre; en medio de ti yo soy el Santo» (Os 11, 9). El apóstol Juan dirá igualmente: «Tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo» (1 Jn 3, 19-20). 209 Por respeto a su santidad, el pueblo de Israel no pronuncia el Nombre de Dios. En la lectura de la Sagrada Escritura, el Nombre revelado es sustituido por el título divino «Señor» (Adonai, en griego Kyrios). Con este título será aclamada la divinidad de Jesús: «Jesús es Señor».