Encuentro 1. - «¿Qué buscáis?»

Etiquetas: Relaciones, Apertura, Búsqueda, Trabajo con texto, Integrativo

Introducción para el animador y objetivos

El encuentro del viernes cumple una función importante: crea la comunidad del grupo pequeño, introduce contenidos clave y dispone para la oración vespertina. Se apoya en tres aspectos principales: la participación, la apertura y el coraje. Sería bueno tocar cada uno de ellos. No podremos hacer todas las preguntas; elijamos las que, a nuestro juicio, expresen mejor el núcleo de cada tema y funcionen mejor en nuestro grupo. Lo clave es mostrar que, a menudo, aquello que más buscamos puede encontrarse en lo que damos de nosotros mismos.

Tiempo del encuentro: 55 min

Objetivos del encuentro:

  • presentación e integración de los participantes

  • mostrar el valor del paso de una actitud de observador pasivo a la de participante activo

  • introducir en la oración vespertina

Oración e introducción

Independientemente de si en el grupo tenemos participantes que ya han vivido encuentros en grupo pequeño o personas para quienes esto es algo completamente nuevo, vale la pena fijar brevemente las reglas que regirán estos encuentros durante el retiro. Lo más importante es subrayar que lo que ocurre en el grupo pequeño se queda en el grupo pequeño. Además, intentamos escuchar activamente, no interrumpir a los demás mientras hablan y no juzgar ni a los otros ni a nosotros mismos. Por supuesto, podemos añadir algo que para nosotros sea importante y preguntar al grupo si querría añadir algo más. Que desde el comienzo los participantes tengan la sensación de que están cocreando este espacio. Cuando las normas estén claras y todos expresen su acuerdo en respetarlas, se puede pasar a las cuestiones organizativas generales sobre la estancia. Preguntemos si los participantes tienen alguna necesidad, observación o duda. Cuando esto quede claro, podemos pasar directamente a la integración.

Para ayudar a los participantes a soltarse, podemos proponer un esquema concreto de compartir. En referencia a los contenidos de la conferencia sobre descubrir la espiritualidad en la cultura, que cada uno complete las siguientes frases:

  • Me llamo/Podéis llamarme/Me gusta que la gente se dirija a mí como…

  • Soy de…

  • La obra cultural que últimamente me ha inspirado especialmente es…

  • La última película que vi fue…

  • El último libro que leí fue…

  • La última canción que escuché fue…

  • Si tuviera que describir quién soy por medio de alguna obra cultural, sería…

Nota

Se puede escoger libremente.

Participación

En la conferencia pudimos escuchar que la cultura es búsqueda, descubrimiento de la chispa divina en todo lo que existe. Escuchemos un fragmento del Salmo 36, que se ha convertido en inspiración para este retiro:

Porque en ti está la fuente de la vida, y en tu luz vemos la luz.

Dios es la fuente: no podemos conocer el sabor de la fuente sin probarla. Probar implica actividad, acción, la decisión de experimentar algo y de participar en algo, de ver algo bajo una luz distinta de la de hasta ahora.

  • ¿En qué participo yo cada día?

  • ¿Qué significa para mí ser partícipe de algo? ¿Qué significa para mí ser participante de este retiro?

  • ¿Se puede participar pasivamente en algo? ¿Cómo reconozco que participo realmente en algo?

  • ¿En qué me gusta participar más y en qué prefiero no implicarme?

A veces, en lugar de experimentar algo e implicarnos en ello, preferimos mirar desde fuera, a menudo comentando y criticando. Es más fácil contemplar el mundo a través de un cristal que da sensación de seguridad y apariencia de cercanía, pero que en realidad no nos permite vivir nada de manera auténtica, conocer, entablar relación.

Leamos:

Al día siguiente, Juan estaba otra vez allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos lo oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó: «¿Qué buscáis?». Ellos le respondieron: «Rabí – que significa maestro –, ¿dónde vives?». Él les dijo: «Venid y lo veréis». Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día.

—Jn 1,35-39

Después de escuchar el testimonio de Juan sobre Jesús, los discípulos podrían haber tomado distancia, observarlo solo desde un lado mientras pasaba y evaluar hasta qué punto era realmente el Mesías. Pero prefirieron comprobarlo por sí mismos. Tomaron la iniciativa y fueron tras Jesús para ver dónde vivía. Decidieron participar en su vida cotidiana. Ahí empieza toda relación.

  • ¿Con qué frecuencia tomo yo la iniciativa en las situaciones cotidianas?

  • ¿Cómo vivo mi participación en las relaciones con los demás?

  • Si Jesús me preguntara qué busco, ¿qué le respondería?

  • ¿Cuándo he vivido yo ese momento en el que quise comprobar por mí mismo cómo es Dios de verdad? ¿Cuándo decidí que quería conocerlo más de cerca?

Los discípulos comenzaron su camino participando en la relación con Jesús. Gracias a ello se convirtieron en participantes de la historia de la salvación, en parte de algo mucho mayor que ellos mismos. No sabemos si eso era precisamente lo que esperaban encontrar, pero seguro que no habría sucedido si entonces no hubieran tenido la apertura necesaria para hacer algo un poco extraño (al fin y al cabo, empezaron a seguir a un hombre desconocido) y si no hubieran tenido apertura a quién podía resultar ser ese hombre.

Apertura

Aclaremos primero el concepto de apertura y miremos después qué dice Jesús sobre la verdadera apertura. Tomando como referencia el uso habitual de la palabra, puede aludir a:

  • cualidad de lo que está abierto y se dirige a todos;

  • cualidad de quien está abierto: dispuesto a acoger ideas nuevas o que no oculta sus sentimientos o pensamientos;

  • sinceridad, franqueza.

Leamos:

Se acercaron a él los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les respondió: «A vosotros se os ha dado conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no se les ha dado. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis y no entenderéis, miraréis y no veréis”. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han endurecido sus oídos y han cerrado sus ojos, para no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni entender con el corazón y convertirse, y que yo los sane. Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron, y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron.»

—Mt 13,13-17

  • ¿Qué significa la verdadera apertura a la luz de este fragmento? ¿De qué se compone?

  • ¿Por qué hay cosas que no percibo?

La apertura no es solo una manera de mirar, sino también un intento de comprender. Es acercarse con valentía a cosas que pueden resultarme ajenas.

  • ¿Qué significa la apertura del corazón? ¿Cómo se realiza en mi vida?

  • ¿De dónde sacar apertura? ¿Qué papel desempeña en esto el Espíritu Santo?

La apertura no es una cualidad fija, dada de una vez para siempre. No llega automáticamente. Hay que cuidar la apertura y pedirla. Dios es la fuente de nuestra apertura. Podemos ver cosas, valorar actitudes, una cultura ajena, y aun así seguir sin entenderlas. Podemos ir a la Eucaristía, al rosario, a los encuentros de comunidad y seguir preguntándonos de qué va todo esto. La apertura es un cambio de disposición, un intento de comprender. «Abrir el corazón nos acerca a Dios, nos asemeja a Él. La apertura es una característica de Dios. Él es abierto, independientemente de que al ser humano le interese o no» (Mieczysław Łusiak SJ).

  • ¿Qué experiencias (tuyas o ajenas) han influido en tu realidad o han cambiado algo en tu modo de ver el mundo?

  • ¿La apertura equivale a buscar sin descanso «tierras inexploradas»?

En parte sí y en parte no. Las experiencias nuevas construyen el camino de nuevas posibilidades y ensanchan los horizontes (por ejemplo: la historia de los vuelos al espacio; la historia de los elementos descubiertos por los científicos que luego se usaron en quimio y radioterapia – el polonio y el radio; mis propias experiencias de vida, que me llevaron al lugar en el que hoy estoy). Sin embargo, la apertura no es solo el arte de descubrir cosas nuevas, sino también la capacidad de percibir y explorar detalles en espacios y fenómenos que ya conocemos. Descubrir pequeños tesoros y alegrarse con ellos. Para decidirnos a participar en algo hace falta apertura, y para reunirla necesitamos tener dentro valentía.

Coraje

Para ir hacia lo nuevo hay que tener coraje.

El coraje no es la ausencia de miedo, sino más bien la convicción de que algo es más importante que el miedo.

—Chris Bradford, Joven Samurái. El camino del guerrero

  • ¿Qué es para mí el coraje? ¿Qué rostros tiene?

  • ¿Cuál es la diferencia entre el coraje y la temeridad?

  • ¿Qué cosas de mi vida exigen de mí coraje?

  • ¿Qué temo en la relación con Dios?

Nota

En este contexto, la temeridad es una actitud que desprecia el peligro, una valentía de cara a la galería.

El coraje tiene muchos rostros (vencer el miedo, reconocer un error, expresar la propia opinión); nos motiva, nos impulsa a actuar, nos permite experimentar. Jesús, en las páginas de la Sagrada Escritura, llama y anima muy a menudo a superar el miedo (las distintas formas de llamadas divinas al valor aparecen en la Escritura 366 veces). ¿Significa eso que ya nunca puedo sentir miedo? No; el miedo forma parte natural de la vida, pero aquí conviene distinguir entre miedo y ansiedad.

En la terminología psicológica, la ansiedad y el miedo son estados emocionales distintos. El miedo aparece ante una amenaza real, mientras que la ansiedad nace de un peligro imaginado o previsto.

A veces podemos tener dentro una imagen de Dios que despierta en nosotros ansiedad. O la convicción de que, si le entregamos nuestra vida, nos quitará algo. Tememos que no sea a nuestra manera. Mientras tanto, Dios nunca quiere nuestro mal y no quiere imponernos nada para lo que no tengamos consentimiento interior.

Nota

Ejemplo típico: «Tengo miedo de que Dios me llame a la vida religiosa y yo, en cambio, quiera formar una familia». Puede ser un buen momento para que el animador comparta un testimonio sobre el cambio de su manera de pensar.

(…) el coraje no es fuerza física; a veces es simplemente la capacidad de hacerse preguntas y de desenredar respuestas enredadas.

—Roma Ligocka (de nombre real Roma Liebling, nacida el 13 de noviembre de 1938 en Cracovia, pintora y escritora polaca), Ternura e indiferencia

  • ¿En qué situaciones se hace preguntas una persona?

  • ¿Me hace crecer toda pregunta?

  • ¿Cuáles fueron las preguntas más importantes de tu vida? ¿Qué consecuencias tuvieron?

  • ¿Con qué preguntas he venido al retiro?

Distintas cosas nos impulsan a hacer preguntas: la curiosidad, el asombro, el deseo de conocer a otra persona. Hacer preguntas implica también estar abiertos a que la respuesta no siempre será la que esperamos. Los discípulos preguntaron a Jesús dónde vivía. Aún no intuían adónde los llevaría la respuesta a esa pregunta. Tenemos ante nosotros el tiempo de la oración vespertina. Es una oportunidad para no limitarnos a observar, sino para participar de verdad en el encuentro con Dios con apertura y coraje. No tengamos miedo de acercarnos más a Dios.

Nota

Puede ser una ocasión para hacer una breve escuela de oración. Expliquemos en qué consiste la oración espontánea y mostremos que vale la pena implicarse y decir las invocaciones en voz alta, porque así podemos enriquecer a los demás; pero, al mismo tiempo, subrayemos que la participación activa en la oración no equivale a hablar en voz alta. Ante todo se trata de la actitud interior y de la disposición del corazón.

Resumen y aplicación

Al comienzo del encuentro hablábamos de que Dios es la fuente. Veamos, sin embargo, lo que Jesús dijo a una samaritana:

Pero el que beba del agua que yo le daré no volverá a tener sed jamás; el agua que yo le daré se convertirá en él en un manantial que brota para vida eterna.

—Jn 4,14

¡Estamos llamados a convertirnos nosotros mismos en fuente! Estar cerca de Dios hace que dejemos de limitarnos a buscar y empecemos a darnos a nosotros mismos: en eso se expresa nuestra participación, gracias a la apertura y a través del coraje. La oración de san Francisco lo expresa bellamente; recémosla juntos al final.

Oración

Señor Jesús,
Haz que podamos,
No tanto buscar consuelo, cuanto consolar;
No tanto buscar comprensión, cuanto comprender;
No tanto buscar amor, cuanto amar;

Porque dando, recibimos;
Perdonando, obtenemos perdón,
Y muriendo, nacemos a la vida eterna.

Por Cristo nuestro Señor.

Amén.